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No puedo creer que se lo crean

Pues hace unos días me encontré con una revista de 1988 (no puedo creer que haya vivido más tiempo que yo) que era de mi papá, y encontré un anuncio que promocionaba una ‘pirámide milagrosa’ que te permitiría obtener dinero, salud, poder, fortuna, amistad y trabajo. Lo único que tenías que hacer era orientar la pirámide hacia el polo norte magnético y pedir lo que quisieras (sí, así de fácil).

Lo peor de todo son los ‘testimonios’:

“Después de comprar todo tipo de amuletos y ya descreída, mi madre me comentó sobre la pirámide; la pedí y el día que me llegó, mi esposo ganó $10,000,000.00″.

“Es increíble el poder de la pirámide; le robaron el auto a mi hijo. Sin decirle nada, pedí la pirámide, a los 7 días lo encontró y no le habían robado nada”.

“A pesar de mi belleza los jóvenes no se fijaban en mi persona, debido a que tengo un defecto en mi pierna. Hoy, gracias a la pirámide un joven muy apuesto se enamoró de mí y yo le correspondo. Gracias”.

Y lo todavía más malo es que mucha gente (gente real) se creyó todo esto y compraron su pirámide. Lo bueno es que eso fue hace mucho y en nuestros tiempos ya no pasa eso (¿o sí?).

Pues la lamentable verdad es que sí. Acá en México (no se si en otras partes también) se pusieron de ‘moda’ los engaños vía telefónica. Es decir, te llamaban por teléfono simulando ser empresas o compañías conocidas y te notificaban que habías sido ganador de un gran premio en efectivo por cortesía de ‘Vamos México’ o ‘Telejuegos’ (o cualquier otra empresa que se les ocurriera). Luego te pedían todos tus datos (nombre, dirección, etc.) y te ‘regalaban’ (aha) una cuenta en el banco, la cual, tenías que ‘activar’ depósitando cierta cantidad de dinero.

Y todavía se pone peor, sí llamaban a algún municipio rural (sin banco) entonces le pedían que comprara cierta cantidad de tarjetas telefónicas y que le pasara los códigos, con el pretexto de que él crearía la cuenta y despues te enviaría el dinero.

Al leer esto seguramente piensas “quien va creer en eso” pero en mi pueblo, varios estuvieron a punto de caer, de hecho, la que los detenía era quien vende las tarjetas telefónicas.