Pues las Olimpiadas empezaron (
por cierto, muy espectacularmente) el día de hoy (
8 de agosto) a las 8:00 p.m. de Beijing, (
que vienen siendo las 6:00 a.m. de México) y, en contra de los pronósticos de toda mi familia, ¡sí me levanté a ver la inauguración!. Estuvo increíble, pero para que les cuento si todos de seguro ya la vieron.
Lo que en verdad les quiero mostrar son algunos casos en los que el espíritu deportivo vence al deseo de gloria y reconocimiento. Los más valioso de los siguientes atletas está en sus corazones y no colgado en un exhibidor.
Cecil Healy (Estocolmo, 1912)
Fue uno de los primeros grandes nadadores australianos, se vio ante un triunfo casi seguro en la prueba de 100 metros libres cuando el poderoso equipo estadounidense llegó tarde a la semifinal. Los nadadores norteamericanos atribuyeron su retraso a un malentendido y pidieron otra oportunidad de competir.
Cecil Healy pidió al representante de su equipo que apoyara esa petición, y entonces se les permitió competir en una semifinal especial. Duke Kahanamoku, el gran nadador hawaiano, pasó a la final, venció a Healy por dos metros y ganó la medalla de oro. En la premiación, el público premió a Healy con una fuerte ovación.
Luz Long (Berlín, 1936)
Adolph Hitler les prohibió a los atletas alemanes confraternizar con los competidores negros, sin embargo uno de ellos se atrevió a desobedecer.
Jesse Owens, el formidable atleta negro estadounidense, había cometido dos faltas en la ronda preliminar de salto de longitud, si cometía otra sería descalificado. Luz Long se acercó a él y le aconsejó que empezara su salto unos centímetros antes; aunque su salto sería mas corto, podría pasar a la final. Owens pasó a la final y ganó el oro.
Posteriormente Owens comentó: “Podría fundir todos mis trofeos y medallas y no obtendría ni un gramo de la amistad que siento por Luz Long”.
Lanny Bassham (Montreal, 1976)

En la prueba de tiro con rifle, el estadounidense Lanny Bassham y su compatriota Margaret Murdock empataron en primer lugar. Tras un meticuloso análisis, los jueces decidieron que Lanny había sido ligeramente mejor y le concedieron el oro.
Sin embargo, en la premiación Lanny hizo subir a Margaret a la plataforma del oro y la abrazó mientras escuchaban el himno de su país.
Larry Lemieux (Seúl, 1988)
Durante una competencia de vela, el canadiense Larry Lemieux iba en segundo sitio cuando vio que Joseph Chan de Singapur manoteaba desesperadamente en las turbulentas aguas: su pequeño velero se había volcado.
Sacrificando su oprtunidad de ganar una medalla, Lemieux llevó a Chan de nuevo hasta su velero, donde más tarde fue recogido por una lancha de rescate. Lemieux quedó en undécimo lugar.
Bjoernar Haakensmoen (Turín, 2006)
La canadiese Sara Renner iba a la cabeza de la prueba de esquí de fondo cuando uno de sus bastones se rompió. Siguió adelante pero pronto la rebasaron varios contrincantes.
Entonces un hombre (después supo que fue el entrenador del equipo noruego Bjoernar Haakensmoen) se acercó a la pista y le pasó otro bastón. Sara regresó a la carrera y al final quedó en segundo lugar.
La mayoría de estos atletas fueron premiados por el Comité Olímpico Internacional con la medalla ‘Pierre de Coubertin’ al Espíritu Deportivo. Y bueno pues yo espero que en Beijing sucedan muchas de estas ‘historias’ que nos llenan de orgullo.
